Llevamos muchos días en casa y surgen los conflictos. Son muchas horas de convivencia y compartiendo más tiempo de lo que es habitual con nuestra pareja o con nuestra familia, y es normal que surjan roces.

Y a pesar de lo que pueda parecer, esos roces pueden ayudarnos también a crecer y aprender a conocernos, y relacionarnos mejor con los demás.

Así que me gustaría compartir algunas ideas sobre lo que es un conflicto y cómo manejarlo.

1. LA RAIZ DE LOS CONFLICTOS: NECESIDADES NO CUBIERTAS

Cuando hay un conflicto es porque una o las dos partes no tienen alguna necesidad cubierta.

Así que para cubrirlas buscamos que las cosas sean diferentes de como son, o que las personas se comporten como a nosotros nos gustaría. 

Pero esto no es real, la vida no funciona así. No podemos obligar a nadie a que haga lo que nosotros queremos.

Esto genera en nosotros emociones de enfado, rabia, tristeza… Y nos enfrentamos a otros para conseguir cubrir las necesidades.

La raíz de los conflictos está en una necesidad que no tenemos cubierta.

Así que la pregunta clave ante un conflicto es… ¿Cuál es la necesidad que no tienes cubierta? ¿Qué es lo que hay detrás de tu enfado? ¿De tu tristeza o rabia?

Imagínate que tu pareja no recoge los platos de la mesa o deja los libros desordenados en medio del salón. Pregúntate… ¿Qué te pasa a ti? ¿Qué necesidad no tienes cubierta?

Tal vez la necesidad que no tienes cubierta sea la necesidad de limpieza y orden, porque eso te genera tranquilidad.

2. VER LA NECESIDAD DEL OTRO

Cuando hay un conflicto, hay dos partes. No solo esta nuestra visión de las cosas. Y si realmente queremos resolver la situación debemos hacer el ejercicio de ver la necesidad del otro y que hay detrás de eso.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si tu pareja no recoge los platos; igual es porque está cansado o desanimado y ante eso, deja los platos sin recoger. No hay malas intenciones.

3. ACERCATE AL OTRO PARA CONSTRUIR 

Después de que la emoción fuerte ha pasado, es importante acercarte al otro para construir, o reconstruir, y aprender a resolver esas situaciones que han surgido para que no se deteriore la relación. 

¿ Cómo y cuándo acercarte al otro?

  • Encontrar el momento.

Encontrar el momento a dos niveles: a nivel tuyo, personal, y también encontrar un buen momento para hablar con la otra parte.

Cuando tenemos que poner sobre la mesa un conflicto es importante estar emocionalmente tranquilos, y por otro lado saber qué necesidad está sin cubrir, para poder hablar y plantear la situación en términos de tranquilidad.

Encontrar también un momento en el que la otra persona esté tranquila y receptiva y dispuesta para hablar.

  • Encontrar la emoción y hablar de hechos.

Con esto me refiero a estar tranquilos para poder plantear los hechos. Y esto es importante, hablar sobre los hechos, y no sobre interpretaciones que damos a los hechos. Para ello es importante hablar en primera persona, sobre lo que sientes, cuáles son tus necesidades y expresar de la manera más objetiva posible cuáles son los hechos.

Habla en primera persona, de lo que sientes y expón hechos de manera objetiva.

  • Escuchar con compasión, la necesidad del otro.

Y como decía antes, en un conflicto, hay dos partes. Cada una de esas partes tiene sus necesidades y es importante escuchar al otro sabiendo que cuando hace algo, más o menos conscientemente, está buscando cubrir sus necesidades.

  • Aprender a pedir y aprender a ceder.

Como adultos debemos aprender a pedir. No podemos esperar que los demás adivinen lo que queremos (a veces nosotros mismos no sabemos lo que queremos… ). Ni nosotros leemos la mente, ni la otra persona tiene capacidad de leerla. 

Y también aprender a ceder. En un conflicto o en general, en una relación sana, nunca se puede ganar en todo. Si somos capaces de ceder una parte, podemos encontrar un punto de equilibrio, para que tanto mis necesidades como las del otro sean cubiertas en una parte.

A esto se le llama negociar y esto ayuda a que las relaciones crezcan, y aprendamos a comunicarnos de una manera más saludable.

En el ejemplo anterior, si una persona no está recogiendo los platos, igual es porque necesita descansar. Y tal vez en ese momento no se sienta con ánimo para recoger los platos, pero sí podemos hacerle ver que es una necesidad nuestra y pedirle que los recoja cuanto antes.

Pequeños conflictos no resueltos y no hablados hacen que las relaciones se deterioren y se rompan.

A veces pequeños conflictos que no se hablan y se acumulan hacen que las relaciones se deterioren pudiendo gestionarse de otra manera mucho más enriquecedora para los dos partes.

Espero que estas claves te ayuden a llevar mejor las situaciones conflictivas que se presenten estos días.

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