Mindfulness: respirar y sentir


La primera vez que fui a una sesión con Dana Jakubik, por aquel entonces mi coach, a día de hoy mi amiga y maestra, me dijo que no respiraba.

Yo acababa de conocerla, así que imaginaros mi cada de “¿de qué está hablando esta mujer? Si no estuviera respirando estaría muerta.” Sin embargo, ahora sé y entiendo lo que me quería decir, y de alguna manera estaba muerta a nivel emocional. 

Yo había bloqueado mis emociones al bloquear mi respiración. No quería sentir, porque cuando lo hacía sentía dolor, así que había reducido en la medida de mis posibilidades mi respiración, los movimientos de mi diafragma y pretendía “controlar” lo que sentía lo cual es una labor bastante agotadora y poco fructífera.

Vivimos en una sociedad donde la gestión emocional ha estado arrinconada y es ahora cuando, poco a poco, vamos dándonos cuenta de qué importante es saber qué nos está pasando a nivel emocional en cada momento y qué podemos hacer con esto.

Nuestro cuerpo sensor emocional

El cuerpo, todo él y no solo la respiración, nos está dando información de manera continua de cómo nos encontramos a nivel emocional. Sin embargo, tal vez sea la respiración la forma más evidente y que más pistas nos puede dar de qué nos está ocurriendo. 

Cuando tenemos miedo nuestra respiración y nuestro pulso se aceleran y se hacen más superficiales. Otro tanto ocurre cuando nos enojamos con algo o con alguien. A nivel biológico, lo que ocurre es que el cuerpo necesita oxígeno para estar preparado par la acción.

Cuando nos sentimos en calma, nuestra respiración es más pausada, más profundas. En estas circunstancias las células del cuerpo no necesitan de tanto oxígeno.

Hay estudios que hablan de que en estado de relajación un adulto respira a un ritmo de 8-12 respiraciones por minuto, en estado de estrés lo hace a un ritmo de entre 12-20 respiraciones por minuto; siendo una velocidad de respiración adecuada de unas 6 por minuto. 

Una de las invitaciones básicas de Mindfulness es aprender a tomar conciencia de cómo nos encontramos a través de la respiración.

¿Practicamos?

Si tienes un momento te invito a notar cómo está siendo tu respiración en estos momentos. Párate un momento y nota si es una respiración superficial o una respiración profunda y nota cómo eso afecta al resto de tu cuerpo. Nota qué te pasa cuando tomar conciencia de cómo estás respirando, ¿cambia algo?

Invitaciones de cómo practicar

Durante muchos años de nuestra vida, nos enseñaron que lo importante eran los conocimientos que podías acumular en tu cabeza, y así es como sentir quedó relegada a segunda división. Así antes hechos dolorosos, cuando las emociones son intensas, nos sentimos desbordados. La invitación de Mindfulness es entrar de nuevo en contacto con nuestras emociones, con aquello que estamos sintiendo tomando conciencia de qué nos está pasando en cada momento.

Mindfulness invita a hacerlo con una actitud de curiosidad, como un niño que está descubriendo un saltamontes por primera vez, con una actitud que llamamos “mente de principiante”.

Invita también a hacerlo sin juzgar lo que estamos sintiendo. Tratar de bloquear lo que sentimos, que era lo que yo pretendía hasta que conocía a Dana, solo nos lleva a una ilusión que en el futuro nos puede traer más dolor.

Y siempre la invitación es a hacerlo con cuidado, cuidando de nosotros mismos y respetando el ritmo al que nos reencontramos con nosotros mismos.

Mindfulness es una herramienta que nos puede ayudar a reencontrarnos con esa parte que complementa a nuestros conocimientos intelectuales y así poder vivir más plenamente nuestra vida.

¿Te animas a respirar? Consulta en mi web los cursos presenciales y online que ofrezco de Mindfulness y comienza ya a respirar.