Después de cinco semanas sin salir de casa, ayer me animé a hacer la compra (hasta ahora mi querido hermano me había suministrado todo lo que necesitaba).

El día lo viví con cierta inquietud, ante todas las noticias que me llevaban a ver toda mi excursión como un peligro. Estuve “planeando” mi salida con detalle, qué me iba a poner, si iba a entrar al garaje por la puerta de los coches con el mando a distancia, me hice un mapa del supermercado para no tener que dar vueltas y cogerlo todo a la primera y salir de allí cuanto antes… Lo tenía todo planeado…

Así que a mediodía, cuando según lo que había leído es la hora que menos gente hay, me decidí y salí al espacio exterior. Y todo parecía normal, las aceras estaban en su sitio, había varias tiendas en mi calle abiertas, algunos coches circulaban.

Llegué al centro comercial con mi mascarilla y me puse los guantes; todo seguía (salvo esto) siendo normal; y sin embargo toda la gente estaba callada, no había ningún ruido. La gente agachaba la cabeza o se miraba con recelo (cuidado con acercarte más…:-)).

almudenadeandres_silencio_2No se oía nada, y sin embargo se podía sentir el miedo y el ruido en las cabezas de la gente: ¿habré tocado algo?, ¿esa chica estará infectada?, ¿ese ha tosido?, ¿habré comprado lo suficiente?

Así que a pesar del silencio, de ese silencio exterior, ¿cuánto ruido hay en nuestras cabezas?  ¿Cuántas preocupaciones están funcionando todo el día en nuestra mente?

Tal vez, ahora que existe ese silencio en el exterior cuando podemos escuchar nuestro ruido interno. Y es tan importante escucharlo…

El silencio exterior nos permite escuchar nuestro ruido interno.

Cuando practicamos Mindfulness uno de los focos de nuestra atención se dirige hacia ese diálogo interno que tenemos en nuestra cabeza. Una alumna, de unos de los curso de Mindfulness que imparto, lo denominó “la locutora”, santa Teresa de Jesús la llamaba “la loca de la casa”, o hay quien lo llama “la voz”.

Tomar consciencia de ese ruido mental nos permite entrar en un spa mental donde nos miramos con Amor y Aceptación.

Aceptamos nuestra fragilidad, nuestros miedos como si de un niño pequeño se tratara, y establecemos una relación de autocuidado, tan necesaria en estos momentos.

Aceptemos nuestra fragilidad para comenzar una relación de autocuidado con nosotros mismos.

Necesitamos cuidarnos y conectar con esa experiencia más profunda donde existe la calma. Porque dentro del caos y la incertidumbre del afuera, existe un refugio en nosotros mismos al que podemos conectarnos, para escucharnos y encontrar ese silencio interior en medio del ruido.

Nuestra mente, de alguna forma es cómo un mar embravecido pero en cuya profundidad puedes encontrar la tranquilidad. “Solo” hay que atravesar la superficie para descubrir ese espacio.almudenadeandres_silencio_3

IDEAS PARA GESTIONAR EL RUIDO MENTAL

Te animo a que te preguntes qué puedes hacer, además de meditar, para cuidarte y para reducir ese ruido mental.

  • Yo decidí a los pocos días de que se estableciera el confinamiento que no iba a ver las noticias ni ningún programa que estuviera bombardeándome de información. Me informo a través de internet, pero evito saturar mi cabeza con imágenes y sobreinformación. Esto me está ayudando a mantener una cierta calma.
  • Llamo o hago videoconferencias con amigos para hablar de otras cosas que no sean el «monotema».
  • Dedico tiempo a leer y a bailar. No se puede estar dando vueltas a la cabeza al mismo tiempo que lees o que bailas. Además el baile sube la serotonina, que es tan necesaria para subir el ánimo.
  • Cocino. Me encanta cocinar, así que ahora es mi momento de prepararme cosas ricas.

Tú, ¿qué haces para no te vuelva loco la locutora que tienes en la cabeza? Si te animas comparte tus ideas en los comentarios. Tal vez ayudes al siguiente que lea el artículo.

almudenadeandres_silencio_1Y si tu cabeza por libre y no puedes hacer que pare, puedes contactar conmigo. Te ayudaré para aquietar esa mente loca.

En cualquier caos te invito a que te dediques algún ratito, cinco minutos al día o lo que necesites, a parar y escuchar ese diálogo interno, simplemente observarlo, sin tratar de cambiarlo. Y tal vez, a través de esta escucha puedas encontrar un espacio de tranquilidad y de calma en medio del caos. ¿Te animas?

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