¿Has escuchado alguna vez lo que te dice tu cuerpo? Seguro que sí. ¿Recuerdas esa sensación de mariposas en el estómago la primera vez que quedaste con el chico/chica que te gustaba? ¿O ese nudo en la garganta la primera vez que hablaste delante de mucha gente? El cuerpo nos habla, nos cuenta muchas cosas y con las prisas se nos olvidó escucharlo…

Todas las formaciones de Mindfulness comienzan con prácticas relacionadas con el cuerpo (el clásico escáner corporal). Porque con tanta actividad intelectual y tanto hacer cosas se nos olvidó que tenemos un cuerpo, un cuerpo maravilloso que nos conecta con el presente y que nos da mucha información de cómo estamos, mucho antes incluso de que lo lleguemos a racionalizar. 

Cuando sentimos ansiedad el cuerpo se “queja”. ¿Cómo se expresa la ansiedad en el cuerpo? Pues de muchas maneras y cada uno lo expresamos de manera diferente, pero algunas pistas de la ansiedad son:

  • Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca.
  • Sensaciones de ahogo, con la respiración rápida.
  • Opresión en el pecho.
  • Miedo o pánico. Sentirse morir, literalmente.
  • Sudoración o escalofríos.
  • Temblores.
  • Nauseas o molestias abdominales.
  • Mareo o incluso desmayo.

Pero estos son síntomas grandes de la ansiedad, y podemos aprender a gestionar todo esta ansiedad, antes de que los síntomas se hagan grandes. 

¿COMO PODEMOS GESTIONAR LA ANSIEDAD? 

1. El primer paso es aprender a reconocer las señales de nuestro cuerpo.

Darnos cuentas de los pequeños detalles que nos avisan de que hay que bajar las revoluciones, y parar para tomar perspectiva de lo que nos está ocurriendo.

La idea fundamental es aprender a reconocer los pequeños detalles de nuestro cuerpo que nos informan de que algo no va bien:

  • Un cambio en nuestro ritmo de la respiración.
  • La contracción de los músculos en los hombros.
  • Una respiración más superficial.
  • Tensión en las cervicales…

Pequeñas señales del cuerpo que nos avisan antes de que el cuerpo se desboque y no podamos controlarlo, y lleguemos a sufrir un ataque de ansiedad. 

El cuerpo es un gran maestro y nos muchos avisos antes de que las consecuencias sean grandes.

2. Respirar.

El cuerpo y la mente están conectadas. Cuando calmamos nuestra respiración también calmamos nuestra mente. 

La calidad de tu respiración expresa tus sentimientos más profundos.

T.K.V. Desikachar.

Se ha demostrado que la respiración consciente cambia la biología del cerebro, ayudando a regular las emociones. Se activan distintas zonas del cerebro que son las encargadas de toma de decisiones, la memoria, la regulación emocional… 

Pero para que eso realmente funcione, debemos enseñar a nuestro cuerpo a respirar y establecer un hábito para que cuando nos veamos ante una situación complicada, el cuerpo disponga de ese “entrenamiento” al que recurrir.

Para empezar te propongo un ejercicio sencillo.

¿Practicamos?

Cierra los ojos y lleva tu atención al ritmo de tu respiración. A cómo el aire entra y cómo el aire sale.

Poco a poco repite en tu mente “Estoy inhalando”, “Estoy Exhalando”. Repetir estas palabras te ayudarán a enfocar tu mente en la respiración.

Es posible que durante la práctica a tu mente le cueste mantener la atención. Es normal. Nos pasa a todos. Cuando esto pase. Con mucha delicadeza invita a tu mente a volver y llevar de nuevo la atención a cómo el aire entra y cómo sale.

La propuesta es realizar este ejercicio durante 8 minutos durante toda una semana y observar los cambios que puedan surgir. Y después si quieres, nos cuentas qué ha pasado.

Recuerda que cuando meditas no se hace bien o mal, se hace; y siempre está bien.

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