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Ikea, Ruavieja, Cocacola… lanzan campañas navideñas de reencuentros familiares donde nos recuerdan la importancia de compartir estos días en familia.

Sin embargo, las estadísticas dicen que los días de Navidad son los días donde más salidas policiales se realizan por riñas familiares: la nuera con el suegro, las cuñadas, el cuñado que lo sabe todo, lo que se lleva aguantando uno toda la vida y con una copita de más aquello se convierte en la guerra de los Rouse… Una cosa tremenda.

Por otro lado, están los nostálgicos, los que echan de menos a los que no están, bien porque trabajan o viven fuera, o bien porque se fueron para siempre. Y estos días se activan los recuerdos y aparece la tristeza.

Y también están los que quieren forzar la fiesta, y que todos estén a su nivel de euforia. Cualquiera les sigue el ritmo.

Con este panorama, las fiestas de Navidad se pueden convertir en todo un reto a la hora de pasar un tiempo agradable y disfrutar de la familia.

La cuestión es que con tanto ruido hemos perdido la perspectiva de lo realmente importante: el vivir el presente, vivir estos momentos con las personas que están.

El día de hoy es único, puede parecerse al de ayer, o a lo que vaya a ocurrir mañana, pero cada una de tus respiraciones, cada puesta de sol, cada palabra que compartes con alguien, cada encuentro, hacen que cada día sea único.

Si echamos la vista atrás con nostalgia, nos perderemos la oportunidad de disfrutar de los que están hoy aquí con nosotros y de disfrutar de ese día. Nadie nos garantiza que mañana vayan a estar, o incluso que nosotros vayamos a estar. La vida es frágil y al mismo tiempo esa fragilidad, esa incertidumbre es el motor para poder disfrutar de cada instante. Porque al final, este viaje de la vida no es tan largo y cada momento cuenta.

Estar presentes, y tomar conciencia, de nuestra existencia y nuestra fragilidad, ayuda a ver la fragilidad, los miedos, los sufrimientos de los otros…, y desde este lugar surge el milagro del encuentro, del encuentro con el otro. Y como si fuera un juego mágico, desde este lugar es donde emerge la verdadera alegría, la esencia de la Navidad, que no es otra cosa que el AMOR. Porque cuando nos quitamos todas las capas de nos hemos ido poniendo, aparece esa amabilidad, esa capacidad de amar y de ser amados. Y esto supone todo un reto, pero es que esto del Amor es para valientes.

Así que, de cara a estos días, te voy a hacer 5 recomendaciones para disfrutar de unas fiestas “mindful” en familia:

1.Toma aire. Cada respiración te recuerda que estás vivo.
2. Sonríe de verdad. Las sonrisas verdaderas suben la serotonina.
3. Disfruta de bocado. No engullas, te puedes atragantar y te perderás apreciar los matices de la comida y el cariño con el que fue hecha.
4. Mira a los ojos, son el espejo del alma. Y te abrirán las puertas al corazón de la otra persona.
5. Abraza a tu familia, puede que mañana no estén.

Y recuerda que cada momento cuenta!!

Dentro de poco comenzaremos el “día a día”, nuestras rutinas, horarios, comidas… y todo parecerá envuelto en un halo de monotonía, como si todos los días fueran el mismo. Tal vez nos cueste distinguir entre un martes y un jueves, salvo porque ese día nos toque ir al gimnasio en vez de ir a clase de inglés. Y todo volverá a ser “como siempre”.

Con esa perspectiva solo queda espacio para volver a esperar a que lleguen de nuevo las vacaciones e ilusionarnos de nuevo con algo. Esta es la forma de vida en la que parece que nos hemos imbuído y con la que funcionamos hoy en día. Y sin embargo, hay tantas cosas por la que ilusionarnos.

La palabra ilusión, está relacionada con la capacidad que tenemos de imaginar cosas que no están basadas en la realidad. Así se habla de ilusiones ópticas que aparentemente nos están engañando y que dan lugar a interpretaciones “engañosas”, como aquel que ve agua en el desierto. Pero puesto que la ilusión proviene de la capacidad de imaginar cosas, podemos imaginar cosas que no concuerdan con la actual realidad y llevarlas a cabo. Esto es, podemos hacer realidad nuestros sueños.

almudenadeandres_ledeky_phelsEsto es lo que han hecho este verano los deportistas que hemos visto desfilar en las Olimpiadas de Río. Han hecho realidad sus sueños, sus ilusiones. Realidades que antes de que ellos las cumplieran no eran factibles, o eso piensan los que anteponen los límites a los sueños. ¿Quién iba a imaginarse que un nadador pudiera conseguir 26 medallas de oro? ¿O que Ledeky, con esa forma tan especial de nadar, fuera capaz de pulverizar los récords mundiales de esa manera? ¿O que el señor Bolt (a su edad, como dicen algunos) fuera capaz de seguir siendo el hombre más rápido del mundo?

Todos estos deportistas, y en realidad todos los que ha participado, tenían una ilusión, un sueño, que llevaba siendo fraguado desde hacía al menos cuatro años. Cada día entrenaban para ser un poco mejores que el anterior, poniendo su atención en aquello que deseaban. Cada día durante cuatro años, 1.460 días, se levantaban, entrenaban y se imaginaban cómo sería ir un poco más allá que el día anterior, superando sus propios límites. Y no todos han llegado a conseguir medallas, ni han salido en las noticias; estos solo han sido unos pocos. Y sin embargo, todos ellos han estado trabajando día a día por su ilusión, por sus sueños, y aunque no hayan podido conseguir una medalla, sí han sido capaces de superar sus límites, de vibrar, de soñar y luchar por aquello en lo que creían, en definitiva de vivir.

En una sociedad donde todo es inmediato, donde la alegría es tan efímera como el dolor, y donde todo es para ya, ser capaz de mantener la ilusión durante 4 años, se me hace cuanto menos osado y digno de admiración.

¿Y qué tiene esta gente para poder lograrlo? ¿Qué los hace especiales? Además de contar con unas condiciones adecuadas para el deporte que practican, existen una serie de disposiciones que les diferencias:

  • Son gente que cree en sí misma por encima de todo, que se conocen y conocen sus límites, pero utilizan esos límites como referencia de superación, no como obstáculo,
  • Saben que los resultados son una combinación de condiciones físicas y de trabajo mental.
  • Ven cada “error” como una fuente de aprendizaje.
  • Se fijan en los que son mejores que ellos para aprender; y reconocen sus logros.
  • Saben que los resultados no son inmediatos, se requiere de un proceso, que en algunas ocasiones es más lento que en otras.
  • Disfrutan con lo que hacen.

almudenadeandres_ilusionesAhora que comienza el “curso” puede ser un buen momento para ilusionarte por algo, sin tener que esperar a que lleguen las próximas vacaciones. Hay miles de cosas, sencillas que seguro que te hacen sonreír, comienza a ser consciente de que esas cosas son estupendas y puede que puedas hacerlas crecer, aprendiendo y practicando cosas nuevas.

No esperes todo un año para a volver a vivir, a disfrutar de tu tiempo, puedes hacerlo ya. Encuentra tu sueño, tu ilusión hoy mismo y comienza a disfrutar de lo que haces, porque al fin y al cabo la vida es eso, una ilusión.