Hoy quiero aprovechar mi blog para presentaros a una de esas personas que convierten una dificultad en un reto y que a través de ello consiguen dar sentido a su vida y  a la vida de la gente que la rodea. Carmen, presidenta de la asociación «Apadrina una neurona», es de esas personas que han apostado por vivir, por vivir plenamente, y ya me mi blog trata de cambios, cambios personales, profesionales, vitales… quería presentaros a una de esas personas que inspiran.

Y no voy a seguir hablando más de ella, os la voy a presentar, a ella y a su asociación a través de esta pequeña entrevista que muestra un poco de esa fuerza vital que tiene. Espero que os guste.

Nombre: Carmen Nevado Rey.

Carmen, háblanos un poquito sobre ti. ¿Qué es lo que te inspira en la vida? ¿Cuál es tu mayor ilusión? ¿Podrías nombrar a un héroe?

Me inspira una puesta de sol, el olor del pan recién hecho, el tañir de una campana, las rugosidades de una piedra, el sabor amargo de la granada…

Hay muchos heroes anónimos que están luchando por un mundo mejor, son maestros, que nos dan lecciones de vida. Para mí algunos de esos héroes anónimos son las personas con discapacidad, tienen mucho que aportarnos: su coraje, su lucha, sus ganas de vivir,… así nos lo muestran. Son admirables.

“Apadrina una neurona” surgió para ayudar a tu hijo, que sufre parálisis cerebral. Creo que para un padre que te digan que tu hijo tiene un problema de salud puede ser una de las cosas más difíciles de afrontar. ¿Podrías compartir qué sentiste cuándo te dieron la noticia? ¿Cuáles fueron tus primeros sentimientos?

Mi hijo se debatía entre la vida y la muerte, recuerdo una conversación que tuve con él. Me conecté con el amor puro y verdadero. Es un momento duro, cuando no sabes si tu hijo elegirá vivir o morir. Eligió vivir y aquí estoy acompañándole en el camino hacia sus sueños.

Le doy las gracias a mi hijo por elegir la VIDA. En el momento que conecté con el amor puro, mis alas empezaron a desplegarse y conecte con mi esencia.

Quiero gritarle al mundo entero, que mi hijo es diferente, pero siente igual que cualquier otra persona. Me siento libre para poder disfrutar las cosas únicas y especiales que me regala mi hijo Alex. LE DOY LAS GRACIAS POR ELLO.

Y después, ¿qué te ayudó a seguir adelante?
Confie en la vida. Sentí que era mi mision de vida y me pregunte para qué???? Y aquí estoy.

Yo personalmente no soy muy amiga de los consejos, pero te voy a pedir uno a ti. Si pudieras dar una consejo o una recomendación a los padres que acaban de recibir una noticia de este tipo, ¿qué les dirías?

Que confien en su hijo, en la vida, en ellos mismos.

Te conozco desde hace muy poco y sin embargo me parece que eres una persona con mucha fuerza. Pusiste en marcha “Apadrina una neurona”, ¿cuál es el objetivo de Apadrina? ¿Y en qué se diferencia de otras asociaciones?

Queremos dar voz a los invisibles, a los silenciados, a los olvidados, a los diferentes… Queremos sensibilizar, educar, mostrar… sin dar pena, acompañando en las diferentes capacidades, con optimismo y de manera positiva.

Este fin de semana (16 de Diciembre de 2017) habéis organizado un evento llamado “Serendipia”, ¿en qué consiste? ¿ Y cuál es el objetivo?

El objetivo es apadrinar un columpio adaptado para nuestros niños de almas especiales. Nuestro proyecto «columpios+adaptados=columpiados».

Queremos mostrar también diferentes proyectos solidarios que hemos conocido durante nuestro camino. Un mundo mejor es posible, más justo, más solidario… hay personas que ya estan sembrando esa semilla.

¿Qué les dirías a la persona que está leyendo esto para invitarle a venir a Serendipia?

Que están invitados a sentir, a disfrutar, a dejarse llevar… Cuando algo inesperado llega a tu vida, deja que la magia suceda.

Y para terminar, ¿qué lema guiarán tus pasos el próximo año?
SENTIR , SENTIR Y SENTIR

 

Y aquí os dejo el enlace de la asociación para que podáis descubrir más de este proyecto lleno de sueños y lleno de vida: www.apadrinaunaneurona.org

Cuando oímos hablar de conflicto solemos asociarlo a “problema” y la reacción ante esto suele ser un tembleque de piernas… Y muchas veces en vez de afrontar la situación de conflicto evitamos la situación, metemos la cabeza debajo del suelo como si fuéramos avestruces o salimos corriendo, en vez de ver una oportunidad de desarrollo. Esto no es más que el resultado del miedo.

Pero antes de todo, ¿qué es un conflicto? ¿Qué se entiende por conflicto? En muchas ocasiones, como decía antes, se asocia la palabra conflicto a problema, a algo desagradable ante una situación en la que alguien no está de acuerdo con nuestra forma de pensar o de actuar.

Pero me gustaría incluir algunas distinciones antes de continuar, para que un conflicto sea tal, las posiciones de las dos personas deben ser contrarias y deben situarse en el mismo nivel. Por ejemplo, una persona puede pensar que un semáforo está mal situado y otra persona que el paso de cebra es el que está mal situado. En este caso no hay conflicto realmente porque sus pareceres no son contrarios, están hablando a distinto nivel y que le semáforo esté mal colocado no quita que sea el paso de cebra el que también esté mal colocado.

Y es que muchas veces no existe un conflicto real sino más bien diferencia de pareceres que incluso pueden ser complementarios. Es decir, que puede ser que tanto el paso de cebra y el semáforo estén mal colocados. Y aquello que en un principio podría parecer un “problema” mediante una buena escucha se ha convertido en un enriquecimiento.

Sí, has oído bien, una buena escucha, algo que no siempre se nos da bien. Y claro, nos cuesta tanto escuchar… Porque escuchar significa acercarse al otro sin pretensiones, sin imponer, con una actitud creadora y sin verle como una amenaza. Y para hacer esto hay que guardarse en el ego en el bolsillo, lo cual no nos gusta mucho.

Pero volvamos al tema del conflicto, sí que existen muchas ocasiones donde nos encontramos frente a conflictos reales: en la familia, con la pareja, en el trabajo… ¿Y qué hacemos para gestionar esto?

En primer lugar, me gustaría hablar del miedo en sí mismo que nos da enfrentarnos a una opinión diferente a la nuestra, porque nos da miedo la incertidumbre de no saber cuál puede ser el resultado de esta situación. Por ejemplo, si llevo la contraria a mi jefe pensamos: “Este va a creer que voy de listo y en cuanto pueda me despide”. Así que nos callamos o nos hacemos los tontos…

Esta es una opción, pero como decimos en DBM (Modelado Conductual Desarrollativo) muy poco desarrollativa, porque el conflicto se puede abordar y verla como una oportunidad creadora y de desarrollo.

Cuando alguien nos cuestiona nuestra forma de pensar o nuestra forma de actuar,  podemos verlo como una oportunidad para repensar nuestro punto de vista y valorar si existe algún punto de mejora y explorar nuestra asertividad y nuestra capacidad de diálogo.

Así que, si en vez de verlo como una amenaza lo abordamos desde una perspectiva más desarrollativa podemos abordarlo como una oportunidad para afianzarnos posicionamiento y bien como una fuente de enriquecimiento y de mejora.

Nuestra forma de ver la vida es maravillosa. Tanto como la del resto del mundo. Y aunque pueda ser retador, abrir la mirada al otro y su forma de ver las cosas puede ayudar a mejorar tu vida.

Esto también funciona en sentido contrario, si nuestra forma de abordar el conflicto es esta, ¿por qué no pensar que los demás también pueden ver el conflicto así?

Un conflicto bien entendido puede convertirse en una oportunidad para buscar nuevas opciones, activar la creatividad y encontrar .

Esto a priori puede suponer un riesgo… pero la oportunidad de desarrollo y construcción es mucho mayor, te lo aseguro.

Y ahora te invito a compartir tus frenos para abordar los conflictos y cómo actúas cuando te encuentras ante un conflicto.

 

Cada período del desarrollo humano tiene su tipo particular de conflicto, sus problemas distintos que, aparentemente sólo pueden resolverse por la fuerza. Y jamás, por decepcionante que esto sea, la fuerza resuelve el problema. (Isaac Asimov)

A mí me gustan mucho las plantas, de hecho, tengo una terraza llena de plantas a las que dedico todos los días un ratito. Me gusta levantar e ir a verlas. A ver si tienen alguna flor nueva, o se les ha caído alguna hoja… Y la verdad es que de un día a otro no suele haber muchos cambios, pero si las quiero tener bonitas tengo que cuidarlas: regalarlas de vez en cuando, abonarlas, ponerlas alguna guía…

Y en la vida hay una serie de cosas que hacemos que yo comparo con el que quiere tener un jardín lleno de flores. Así que para tener el jardín bonito puede ir a un vivero y comprar un montón de plantas y luego durante un semana darse una panzada a colocar las plantas. Cuando termina tiene un jardín estupendo, lleno de flores (porque las plantas que compras en el vivero siempre vienen con flores) y todo muy verde. Pero después algo hay que hacer para que esas plantas sigan luciendo bonitas, no basta solo con comprar las flores en el vivero y esto es a lo que en DBM (Modelado Conductual Desarrollativo) llamamos hacer cambios de mantenimiento.

Si tienes algo que marcha bien en tu vida la idea es seguir haciendo lo que ya estabas haciendo, mantenerlo, para que siga yendo bien. Para eso el primer paso es saber lo que funciona bien en nuestra vida y tomar conciencia de que eso que hacemos tiene un valor y un significado que nos ayudan a mantener ese hacer.

Por ejemplo, si nosotros tenemos un amigo con el que solemos quedar a tomar un café, al que llamamos de vez en cuando o con el que hablamos por teléfono de vez en cuando; todo eso contribuye a hacer amistad a mantener la amistad. Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de hacer estas cosas? Que aquella amistad poco a poco se va disolviendo, porque eran esos haceres los que construían la amistad.

Y lo mismo pasa con las relaciones de pareja. Cuántos esfuerzos para encontrar pareja (hay quien hace incluso cursos sobre «Cómo ligar o cómo seducir»), cuántos libros en la sección de autoayuda hablando sobre «Programación Neurolingüística para ligar» o «Cómo enamorar a una chic@ en tres minutos». Y si no me creéis echad un ojo a la sección de autoayuda hay un sinfín de títulos. Pero luego hay muchos pocos que hablen de «Cómo hacer relación», el día a día de una relación, cómo cuidar lo que ya se tiene e ir más allá (porque siempre hay más).

Me imagino la razón de todo esto está en la películas de Holywood. Las películas siempre se acaban cuando el chico y la chica se casan, se dan el primer beso o similar. Suenan los violines y aparece «The end». Cuando en realidad es en ese momento cuando empieza lo interesante.

Un ejercicio bonito con tu pareja podría ser hablar sobre aquello que «mantiene la relación«,  y que ayudan a que aquello, aquello que si no se hace, hace no exista relación. Porque muchas veces se dan por hechas cosas, y comenzamos a descuidar pequeños detalles que mantienen eso. Y viene bien revisar esto que hacemos o que no hacemos para siga existiendo.

 

Si volvemos a la metáfora del jardín, es importante revisar de vez en cuando, si las plantas necesitan agua o si hay que abonarlas para que el jardín siga luciendo bonito. O tal vez en esa revisión podamos darnos cuenta que los cuidados que requiere un jardín en primavera no son los mismos que en verano, o que en otoño; y tal vez debamos ajustar el agua con que las regamos; y evolucionar y crecer como lo hacen las plantas de un jardín.

Y lo mismo pasa con las relaciones, de amistad, de pareja o de trabajo… de vez en cuando viene bien tomar conciencia de qué hacemos para mantener las relaciones y ajustar los cuidados y los «haceres» para seguir teniendo un jardín lleno de flores.

 

Los amores mueren de hastío, y el olvido los entierra. (Jean de la Bruyere)

 

 

“Lo quiero ya.” “Esto va muy lento.” “¿No podrías tenerlo antes?” “No podrías hacerlo más rápido?” “Mi niño ya anda, ¿y el tuyo?”. Vivimos en un mundo en el que el tiempo corre rápido. Si una página en internet no se carga en dos segundos, nos empezamos a poner nerviosos, si un niño comienza a leer más tarde que otro empezamos a pensar que tiene algún problema,…

No hemos terminado de hacer una cosa y ya estamos pensando en la siguiente. Y como consecuencia de todo esto entramos en una espiral del hacer cosas sin parar. Hay que ser eficaz, eficiente y rápido, si no estás fuera del sistema. Y en este mundo de la eficacia y del correr terminamos sintiéndonos perdidos y frustrados, porque nos convertimos en burros persiguiendo una zanahoria que nunca alcanzamos.

Corremos y corremos, sin saber hacia dónde vamos. Pero, ¿qué es eso que queremos alcanzar? Te lo dejo a  ti para que te respondas.

Para mí es un reto pararme y darme cuenta de mi propio ritmo, sin compararme y sin castigarme por ello. Un ritmo que no es mejor ni peor, el mío. Y hay cosas que me pueden llevar más tiempo en conseguir que a otros, y otras menos, pero que es mi camino y no el de otro el que debo andar. Ese día dejé de sufrir por no tener lo que tienen otros, sabiendo que estoy en el camino de alcanzar lo que deseo, que es mi propio aprendizaje, mi propio proceso el que debo vivir.

Otra de las cosas de las que me he dado cuenta es que las cosas bellas requieren de tiempo: un bebé tarda nueve meses en formarse; para recoger una flor es necesario que llegue la primavera; para ver las perseidas hay que esperar hasta agosto y que se haga de noche… darte el tiempo y reunir el valor para mirar a los ojos a una persona y decirlo todo sin una sola palabra, lleva su tiempo.

Y al mismo tiempo  tengo la sensación de que queremos enlatar esas experiencias, y esas sensaciones, y confinarlas en un horario: de ocho a ocho y media la puesta de sol, después cena, después mirar las estrellas… Y no nos damos tiempo a nosotros mismos para encontrar ese lugar dentro de nosotros mismos donde surge la belleza de la vida, la belleza que hay en cada instante.

Y para eso solo hay que pararse un momento, para nuestra cabeza por un momento y mirar a nuestro alrededor y jugar a descubrir todas las cosas bellas que hay, las personas tan maravillosas que se cruzan cada día en nuestra vida, la suerte que tenemos de segur respirando. Solo un momento, un momento que se convierte en el spa de nuestra mente. Y es por eso que te invito a buscar un ratito al día (mientras conduces, vas en el metro, esperas en el supermercado) y fijarte en todas las cosas que te rodean y descubrir, como un juego, las cosas bonitas de al vida y sentirte agradecido por ellas.

Y sí, también que hay que fijarse metas y hacer cosas para conseguirlas, pero sin olvidar un componente fundamental: sin olvidar quién eres tú y que no tienes que ir a ningún sitio, que no hay prisa, porque ya estás en el lugar en el que tienes que estar. Solo hace falta que respires y disfrutes de aquello que estás viviendo.

Entonces, el tiempo se detendrá. Porque, como decía Einstein, no hay nada más relativo que el tiempo.

Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos. (Proverbio escocés)

 

Epojé es un término originado en la filosofía griega que se refiere a la decisión de suspender los juicios, de mirar el mundo sin juzgarlo, con una predisposición de no-saber.

Y este es el punto de arranque de la verdadera sabiduría: “Solo sé que no se nada”, que decía Sócrates.

No hay nada más pretencioso y nada más peligroso, que aquel que cree saberlo todo y que no tiene nada más que aprender. Ese estado para mí está muy cercano a la muerte, porque dejar de aprender implica haber perdido la curiosidad por conocer algo más de cómo es y cómo funciona este mundo.

Recuerdo una vez, que una profesora mía de francés me comentaba que a ella le gustaba, a veces ir a cursos de francés elementales para volver a aprender las bases, y que tenía que adopta una actitud de no-saber para poder realmente aprender y que para ella eran muy enriquecedoras esas clases, porque se daba cuenta de que muchas veces ella misma pasaba por alto detalles importantes.

Y esta actitud me parece realmente enriquecedora, porque aunque sepamos mucho sobre algunos temas, siempre habrá más distinciones en los detalles que podamos notar, y esas distinciones marcan la diferencia entre vivir en la rutina o adoptar una disposición de descubrimiento y enriquecimiento ante la vida. Y estas son las bases de la DBM, de estar siempre dispuesto a aprender y mirar la vida con otros ojos, porque siempre hay más.

Hace poco me invitaron al estreno de una ópera. Era la segunda vez que iba y realmente no tenía mucha idea de cómo iba aquello. Por suerte, una amiga me estuvo explicando en qué cosas básicas debía fijarme: el barítono, el tenor, la soprano… Y realmente fue toda una experiencia, pero también estoy segura de que la próxima vez que vaya añadiré a estas distinciones, otras nuevas que me permitirán disfrutar aún más.

Y esta actitud de eterno aprendiz, es una disposición fundamental a la hora de conocer a una persona: suspender los juicios. Es muy fácil que cuando te presenten a alguien, tu mente empiece a hacer miles de conexiones (esta persona me recuerda a mi ex, así que mejor no hablo con ella… o tiene le mismo color de ojos que mi jefe, así que debe ser bastante agradable), y así sin que la otra persona se entere, ya le habremos colgado el “san benito”, de lo que es o deja de ser, sin darle la oportunidad a que sea ella misma y nos sorprenda. También es cierto, que esta habilidad para hacer conexiones, nos facilita el trabajo a la hora de relacionarnos, ya que nos puede dar unas pautas, pero si convertimos esas pautas en certezas, en juicios cerrados, nos estaremos condenando a una vida sin sorpresas, y como decía antes eso es algo muy cercano a la muerte.

Y esta actitud es si cabe más importante cuando con personas, porque es muy tentador volcar sobre una persona nuestros propios modelos y creencias sobre lo que le pasa o lo que tiene. Imaginemos, por ejemplo, que nos duele un pie porque nos hemos tropezado cuando íbamos andando por la calle y cuando llegamos al hospital nos atiende un reconocido alergólogo y que al ver de lejos el pie hinchado nos dijera que obviamente es una reacción alérgica. Seguramente esto pueda sonar absurdo, porque por más especialista que sea es necesario hacer un exploración y una evaluación del pie antes de poner ningún tratamiento. Pues, la idea es perfectamente extrapolable a cuando se trabaja en una consulta con personas. La primera parte y más fundamental es no dar por sabido nada y explorar para conocer el origen real de la cuestión. Porque si no lo hacemos así, corremos el riesgo de poner una pomada cuando en realidad tiene roto el hueso…

“Solo sé que no se nada” (Sócrates).

Hace poco escuchaba en la radio a José Antonio Madrigal, un reconocido broker español autor de libros como “Un monje en Wall Street”, que hablaba de la importancia de controlar el riesgo cuando se invierte en Bolsa y que teníamos que conocernos lo suficiente como para saber qué riesgo estamos dispuestos a asumir cuando invertimos para poder estar tranquilos independientemente de lo que sucediese en el mercado bursátil.

Y me pareció una reflexión muy interesante y que puede ser extrapolada a los distintos ámbitos de la vida.

Al igual que en la Bolsa todos queremos obtener el máximo beneficio de la vida, sea lo que sea esto para cada uno: prosperar en el trabajo, tener tiempo para salir a pasear al campo, hablar bien un idioma, adelgazar (ahora que va a a llegar el verano.)… ¿Pero cuánto estamos dispuestos a invertir para alcanzar nuestros propósitos?

Porque muchas veces lo que pasa es que nos relacionamos con la idea de lo que queremos, pero eso es muy diferente arremangarte y ponerte a hacer.

Hay un dicho español que dice que: “Quien quiera peces que se moje el culo”. Es decir que si quiere algo tienes que ponerte a hacer, y arriesgarte (como el que invierte en Bolsa), y asumir el riesgo que esto suponga.

En DBM hablamos de esto, desde el punto de vista de que muchas veces lo que hacemos en la vida es relacionarnos con las ideas de las cosas, más que con las cosas en sí mismas. Es decir, idealizamos la realidad, y la realidad suele ser muy diferente a lo que nosotros estamos montando en nuestra cabeza. Es importante hacer para descubrir esas diferencias y de ahí obtener una aprendizaje.

Así que si quieres aprender un idioma no sirve solamente con pensar en lo maravilloso que tiene que ser ir por el mundo pudiendo comunicarte con la gente, hay que invertir tiempo en aprender. Y lo mismo con el adelgazar, con mejorar en el trabajo  o tener un relación. Hay que invertir en aquellos valores que nos proporcionan bienestar y hacen que nuestra vida sea significativa.

Y volviendo al tema del riesgo… ¿qué riesgo estás dispuesto a asumir? En nada existe riesgo cero. Desde que te levantas por la mañana estás expuesto a que te ocurran mil millones de cosas. Solo existe riesgo cero (hablando en términos de sufrir) cuando estás muerto, pero eso no lo tendré en cuenta porque ya no podremos hacer mucho…

La cuestión es que cuánto riesgo, y como decía antes, en términos de sufrimiento, podemos asumir. Cuando iniciamos una relación aparece también un riesgo de aquello se acabe y eso nos duela, pero seguramente, el beneficio de la relación compensará el riesgo… o no… Imaginemos que nos vamos un mes a trabajar al extranjero conocemos a alguien especial, y,  ¿qué hacemos? Asumimos el riesgo, el dolor, de que aquello se va acabar o bien arriesgamos, disfrutamos del beneficio y dejamos abierta la posibilidad de algo más pase. Pues cada, según su modelo del mundo, según su gestión del riesgo, según en aquello que quiera invertir en su vida, optará por una cosa o por otra: disfrutará de esos días o bien no invertirá en esa relación.

Como no todos somos iguales, cada uno de nosotros optará por una cosa o por otra. Ahora bien, y aquí hay una cuestión también importante, ¿sabemos calcular bien los riesgos? Una cuestión interesante…pero de eso hablaré otro día.

Y retomando a Madrigal, ¿te conoces lo suficiente como para saber en qué inviertes?

Mira cada día como una aportunidad en la vida. Una oportunidad para compartir tu experiencia con alguien más. Cada día es una oportunidad de crear milagros en la vida de los demás. (Jim Rohn).