Es fácil con todo lo que estamos viviendo verse arrastrado por la desidia y la tristeza.

Pasamos unos meses confinados con la esperanza de que superado este tiempo podríamos recuperar nuestra vida como era antes. Pero esto no ha pasado. Vivimos un espejismo de “normalidad” durante el verano pero ahora parece que el virus acecha de nuevo y que tenemos que restringir más nuestro contactos y nuestra vida social.

Y es muy posible que esto se prolongue durante un tiempo.

¿QUE PODEMOS HACER PARA ENCONTRAR LA ENERGIA SUFICIENTE COMO PARA ATRAVESAR TODA ESTA SITUACION?

Te propongo estas cinco ideas.

1. Haz planes a corto plazo

“Pasito a pasito se anda el caminito”, se decía a sí misma la tortuga de la fábula de Esopo. Pues en estos momentos es fundamental pensar como la tortuga. Vivimos unos momentos en los que las certidumbres no existen y los planes a futuro no sabemos si se podrán mantener en el tiempo. Por eso, es mucho mejor proyectar a corto plazo. 

Esto no significa que no planifiquemos, si no que lo hagamos a corto plazo y con la flexibilidad suficiente para cambiarlos.

2.   Sé flexible con tus actividades

Te sugiero que aprendas de los niños y su capacidad para adaptarse a cada momento. A un niño pequeño le llevas al parque y se lo pasa en grande, le dices que se acabó el parque que vais a ir a ver a los abuelos (y protesta un poco) pero cuando va a ver a los abuelos disfruta con ellos. Se acaba el tiempo con los abuelos y toca irse a casa y les dices que toca ducharse (y aunque vuelven a protestar) se adaptan de nuevo y vuelven a disfrutar de ese rato.

Pues mi sugerencia es que activemos esa “Atención Plena” en nuestra vida más ahora que nunca y que seamos capaces de adaptarnos a lo que nos toca vivir encontrando lo bueno de cada circunstancias.

3. Permítete sentir el enfado, la frustración y la rabia

En el punto anterior comentaba que cuando un niño le cambias de actividad protesta. Pues nosotros como adultos también tenemos el derecho de sentirnos enfadados. Nos han quitado “nuestra normalidad”, el virus nos ha quitado los abrazos, las fiestas, las reuniones con los amigos, la familia… Y es fundamental que nos permitamos sentir esto, pero lo que no podemos es quedarnos anclados en el enfado. Como ya comentaba en este otro artículo, podemos permitirnos diez minutos de enfado (como los niños) para continuar el día a día encontrando otros retos y otros alicientes que se adapten a la situación que estás viviendo. Quedarte en la queja no te va a ayudar a salir de donde estas.

No podemos quedarnos anclados en el enfado, la frustración o la tristeza.

Es muy tentador meternos en el agujero del enfado de lo que nos han quitado, pero eso no nos va a devolver, o por lo menos de momento, 

4. Alimenta pequeños placeres

Por un momento, ¿párate a pensar cuáles son las cosas que realmente te aportan bienestar? Y no tienen por qué ser cosas grandes.

Te dejo mi lista de sugerencias:  hablar con un amigo (y especialmente si hace tiempo que no hablas con él o con ella), darte una ducha con agua caliente, un té calentito, darte un paseo sin prisa, escuchar tu canción favorita, bailar (si te gusta), tomarte un trocito de chocolate, leer un buen libro, …

Desde la psicología positiva también nos animan a que hagamos felices a los demás. Y aunque sea por egoísmo, yo os animo también porque está demostrado que hacer felices a los demás nos reporta felicidad también a nosotros.

Y en todo momento pensar en los demás es importante, en estos momentos que estamos viviendo debemos cuidar y preocuparnos por los otros más, si cabe.

Hacer felices a los demás nos hace felices.

5. Agradece todo lo bueno que te pase, por pequeño que sea

Si has leído hasta aquí es muy probable que lo estés pasando mal, y sin embargo en nuestra vida siempre podemos rescatar momentos y personas cuya presencia son de agradecer. 

Víctor Fran, en su libro “El hombre en busca de sentido” tiene la siguiente frase:

“No es importante lo que nosotros esperamos de la vida, sino lo que la vida espera de nosotros”.

Muchas veces nos pasamos la vida esperando a que pasen cosas extraordinarias, cuando lo extraordinario es vivir, y dar lo mejor de nosotros para hacer de este mundo un mundo mejor. Y la mejor forma de empezar a construir este mundo mejor, es agradecer todo lo bueno que hay en nuestra vida. ¿Empezamos?

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