Tener una autoestima saludable nos ayuda a vivir mejor y desarrollarnos con más facilidad tanto a nivel personal como a nivel profesional.

A veces se nos olvida lo valiosos que somos y está bien recordar que somos únicos y especiales, y que nuestra presencia, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, marca la diferencia.

Herramientas para mejorar tu autoestima 

  1. Qué es la autoestima
  2. Autocompasión y autoestima
  3. Tres ideas para mejorar tu autoestima

 1. Qué es la autoestima

Cuando hablamos de autoestima o estima hacia uno mismo nos estamos refiriendo a una valoración, positiva o no, que tenemos sobre nosotros mismos y que muchas veces no tiene un fundamento lógico. Es más una evaluación subjetiva de nosotros mismos.

Según esto podemos distinguir 4 tipos de autoestima:

  • Autoestima alta y estable. Son personas que se sienten bien consigo mismas y que no temen por su imagen o por defender su punto de vista ante ninguna situación. Son personas que podríamos definir como auténticas.
  • Autoestima alta e inestable. En este caso las personas tienen una alta autoestima pero que se ve desestabilizada por el entorno. Las críticas las ven como una amenaza, y son muy vehementes a la hora de defender su punto de vista.
  • Autoestima baja y estable. Son personas que no toman decisiones, muy inseguras y que tienen mucho miedo a equivocarse. Su bajo concepto de sí mismo no cambia a pesar de las circunstancias y suelen tener un sesgo pesimista ante la vida y tendencia a la depresión.
  • Autoestima baja e inestable. En estas personas la autoestima depende del entorno, tan pronto les va bien, su autoestima sube, y tan pronto les va mal, su autoestima disminuye.

Cada persona es un mundo y todos tenemos la posibilidad de cambiar y mejorar nuestra autoestima, y cómo nos percibimos. Pero párate por un momento a pensar, y pregúntate, ¿en qué grupo te sitúas?

Una rosa es una rosa, aunque nadie la mire.

2. Autocompasión y autoestima

¿Qué es la autocompasión y cuál es su relación con la autoestima?

Puede que en un primer momento el término autocompasión lo puedas relacionar con sentir lástima hacia uno mismo, pero el concepto que quiero abordar en este artículo es la autocompasión desde la perspectiva que trae el budismo, que tiene que ver con la capacidad que tenemos de abandonar el sufrimiento que sentimos y las causas que generan ese sufrimiento.

Y de esta forma convertirnos en los protagonistas de nuestra vida.

Si nos tratamos con esta autocompasión, con este respeto hacia nosotros mismos y nuestra experiencia, podemos tomar las riendas de nuestra vida y poner una mirada amorosa en nosotros mismos, comenzando a tratarnos con el cariño y la estima que merecemos.

Merecemos tratarnos a nosotros mismos con el mismo respeto y el mismo amor que tratamos a los demás.

3. Tres ideas para mejorar tu autoestima

1. Mírate al espejo y sonríe

Te voy a proponer que después de leer este texto, te pongas delante de un espejo y durante tres minutos, sin hablar, te mires y te sonrías. Y que te digas mentalmente todas las cosas buenas que ves de ti mismo/a. 

Puede que al principio te cueste un poco, pero continua y verás que le coges el “truquillo” de ver el maravilloso ser que eres.

Después apúntate todas esas ideas que han aparecido y guárdalas en un lugar “secreto”, al que podrás acudir siempre que se te “olvide” que eres único/a.

2. Adopta una postura poderosa

Si me sigues un poco, sabrás que insisto mucho en la relación que hay entre el cuerpo y la mente.

Cada día aparecen nuevos estudios que hablan de esta relación. Entre ellos está los realizados por Amy Cuddy que expone su teoría en una de las charlas Ted con más visualizaciones y que te comparto a continuación.

En ella Amy explica como al adoptar posturas poderosas, nuestro cerebro conecta con nuestra fuerza y nuestras posibilidades. 

Así que te invito a que todas las mañanas antes de salir de casa adoptes una postura poderosa durante dos minutos: pies bien apoyados, piernas un poco separadas, brazos abiertos y cabeza alta. Y después salgas a vivir lleno/a de energía.

3. Observa tus pensamientos y háblate bien

Todos llevamos una “locutora” en nuestra cabeza y muchas veces no somos conscientes de cómo nos hablamos. Te propongo que dediques cinco minutos a meditar y observar tus pensamientos. Observa cómo te hablas: ¿utilizas palabras amables? ¿Eres duro/a contigo? ¿Eres exigente? 

Y si observas que tienes un lenguaje duro, comienza a tratarte y hablarte con más amabilidad. 

Tu postura cambia tu mente, y tu mente cambia tu postura y actitud ante la vida.

¿Te atreves a poner en marcha alguna de estas propuestas y nos cuentas?

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