¿Sabes la cantidad de decisiones que hay que tomar para comprarse un coche? Estoy pensando en comprarme uno y os puedo asegurar que hay muchos coches, muchas marcas y muchas opciones que puedes elegir en cada coche: las ruedas y las llantas de las ruedas, el tapizado de los asientos, gasolina o diesel, cambio automático o no, navegador o no, … vamos un no parar de cosas a elegir. Por suerte, en los concesionarios te asesoran y te dejan probar los coches para que te hagas una idea de cómo va el coche.

El caso es que al final, después de tantas decisiones tienes tu coche «a medida» (todavía no han inventado el coche cuántico).

Tomar una decisión implica excluir el resto de las opciones, si elijo un coche rojo rojo pues ya no puede ser gris (a no ser que lo pinte a rayas, que no es la idea). Si elijo gasolina, no elijo diesel. Y es que decidirse por algo da miedo, a veces, mucho miedo porque supone una apuesta por algo de lo que tienes que hacerte responsable. Y te puede salir bien o no, según tus expectativas, y eso es un riesgo.

En general, cuando decidimos ponemos en riesgo nuestra seguridad: nuestra seguridad emocional, nuestra seguridad económica, laboral… según el tipo de decisión que tomemos. Y no siempre se está preparado para asumir ese riesgo.

¿Y qué es lo que hacemos muchas veces en estos casos? Funcionar a medias, es decir tomar decisiones a medias. Hace poco trabaja con una cliente que después de estar llevando un negocio propio durante unos años  estaba pensando en presentarse a unas oposiciones. Su plan era seguir moviendo su proyecto para ver si mejoraba y mientras ir estudiando para las oposiciones. Es decir, no estaba apostando ni por una opción ni por otra. El resultado de funcionar así es que no estaba poniendo toda su energía en ninguna de las dos cosas, ni estaba focalizándose en su proyecto ni estaba dedicando el tiempo necesario para aprobar las oposiciones a las que quería presentarse.

También hay gente que comienza a darle vueltas a las cosas sin llegar a ningún sitio, es lo que se llama parálisis por análisis. Y es que, como comentaba en este artículo de hace tiempo, en las decisiones no solo entra en juego la cabeza.

Y es que cuando tomamos una decisión podemos ser secuestrados por todos los fantasmas del pasado, todas las frustraciones o por nuestro ego, y que al final, vivamos sin apostar por nada. Esta forma de funcionar nos puede servir durante un tiempo, pero a largo plazo genera esto que los alemanes llaman “angts”, que se puede traducir como una angustia, una vacío existencial, que no nos ayuda mucho a la hora de construir nuestro bienestar.

Vivir en el limbo de la indecisión haría que no me comprara el coche, ni supiera qué ponerme por la mañana o que viviera a medias.

Es cierto que todas las decisiones no son iguales, no es lo mismo el riesgo de invertir en un coche, que me tiene que durar unos añitos, que el riesgo de ponerme una chaqueta de lana cuando hace 30ºC. Pero siempre podemos minimizar los riesgos desarrollando las habilidades necesarias o buscando la información que necesitemos para tomar la mejor decisión  en ese momento.

¿Y cómo empezar a tomar decisiones con seguridad y confianza? Si voy a comprarme un coche podemos empezar por investigar bien las opciones que hay e informarme de cuáles son los que cubren mis necesidades. Si voy a elegir qué ropa ponerme, miraré qué tiempo va a hacer. Y esto, puedes extenderlo a todo lo que quieras: un trabajo, una relación, lo que vas a hacer el fin de semana, etc…

Prepárate y cultiva aquello que necesitas para aumentar tu seguridad y que te falta en ese momento. Si vas a empezar en un nuevo trabajo, infórmate bien de las condiciones que te ofrecen. Si quieres iniciar una nueva relación dedica tiempo a conocer los defectos y las virtudes de la otra persona.

Comienza a ver el mundo con una mirada diferente, donde existen muchas oportunidades que están disponibles para que puedas avanzar y crecer, solo tienes que comenzar a confiar en ti y comenzar a tomar riesgos asumibles.

Y es que las decisiones deben hacerse desde la alegría y la responsabilidad. Nadie nos garantiza el éxito de las cosas, pero mirar al pasado y las opciones que dejamos atrás hacen que no vivamos el momento, que no disfrutemos de todas las cosas maravillosas que nos ofrece la vida aquí y ahora.

Así que decídete ya y apuesta por aquello en lo que crees. Y si necesitas ayuda para tomar una decisión, no dudes y contacta conmigo.

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