Cómo definir objetivos y conseguirlos: 5 claves para avanzar
Definir objetivos puede ayudarnos a transformar una intención en una dirección concreta. Sin embargo, antes de pensar únicamente en qué queremos conseguir, también puede ser útil detenernos y observar dónde estamos, qué hemos aprendido y con qué recursos contamos.
Un objetivo no tiene por qué ser perfecto ni inamovible. Puede servirnos como una referencia que nos ayude a orientar nuestras decisiones y a revisar nuestro camino cuando las circunstancias cambian.
Para explicar esta idea, me gusta utilizar una metáfora: “afilar el hacha”.
Había una vez un grupo de leñadores que trabajaban de sol a sol cortando los árboles que estaban enfermos y creando cortafuegos para mantener un gran bosque en perfectas condiciones. Era un trabajo arduo que requería de mucho esfuerzo y dedicación.
Un día, uno de estos leñadores, empezó a ausentarse. Desaparecía durante un par de horas todos los lunes… Lo demás leñadores, extrañados y también un poco enfadados comenzaron a hablar sobre el tema. Y un día decidieron seguirle y ver qué hacía durante ese tiempo. Cuál fue su sorpresa cuando descubrieron que aquel leñador dedicaba esas dos horas a afilar su hacha para después volver al trabajo, y realizar su labor con más eficacia.
«Afilar el hacha» significa parar y dedicar un tiempo para planificar, ordenar la mente y organizar los recursos que tenemos, para luego poder definir objetivos con claridad.
«Afilar el hacha» significa parar y dedicar un tiempo para planificar, ordenar la mente y organizar los recursos que tenemos, para luego volver a la acción con una perspectiva más amplia de hacia dónde nos dirigimos y qué rumbo queremos tomar.
5 claves para definir objetivos y avanzar hacia ellos
1. Define con claridad qué quieres conseguir
Antes de pensar en cómo alcanzar un objetivo, intenta concretar qué quieres conseguir realmente.
Puedes preguntarte:
- ¿Qué quiero?
- ¿Por qué es importante para mí?
- ¿Qué cambiaría si lo consiguiera?
También puede ser útil observar qué miedos o dudas aparecen cuando piensas en ese objetivo.
Párate
un momento y toma contacto con tu respiración, con tus emociones, con tus deseos y tus miedos más profundos, y pregúntate, ¿qué haría si no tuviera miedo?
2. Haz que el objetivo sea realista y concreto
Valora los recursos, el tiempo y las circunstancias de las que dispones antes de comprometerte con un objetivo.
Un objetivo demasiado ambicioso o poco definido puede resultar difícil de convertir en acciones.
Pregúntate:
- ¿Qué necesito para conseguirlo?
- ¿Qué tiempo puedo dedicarle?
- ¿Es realmente posible en las circunstancias actuales?
3. Céntrate en aquello que depende de ti
No todo lo que queremos conseguir depende exclusivamente de nuestras decisiones o acciones.
Podemos desear que otra persona cambie, que una situación se resuelva de determinada manera o que aparezca una oportunidad concreta, pero no tenemos control sobre todo lo que sucede.
Centrar el objetivo en aquello que sí podemos hacer nosotros ayuda a convertir un deseo general en acciones concretas.
En lugar de “quiero que mi jefe valore mi trabajo”, por ejemplo, podemos plantearnos: “quiero mejorar la forma en la que comunico mis logros y pedir feedback sobre mi trabajo”.
4. Visualiza cómo sería haberlo conseguido
Imagina durante unos instantes cómo sería haber alcanzado ese objetivo. ¿Qué habrías conseguido?, ¿cómo te sentirías?, ¿qué habría cambiado?
Utilizar esta imagen puede ayudarte a conectar con la motivación que hay detrás del objetivo y a recordar por qué quieres avanzar hacia él.
5. Disfruta del camino
Un objetivo puede orientarnos, pero no debería hacer que todo nuestro bienestar dependa del resultado final.
Tanto si conseguimos aquello que nos habíamos propuesto como si necesitamos cambiar de dirección, el proceso puede aportar aprendizajes, experiencias y nuevas posibilidades.
Avanzar también implica revisar, aprender de los errores, adaptarnos a las circunstancias y reconocer lo que vamos consiguiendo.
Tanto si logras el 100% de tus objetivos como si no, siempre estarás dentro de un proceso de aprendizaje que te llevará a crecer como persona y profesional (si el objetivo es laboral). Ríete de tus errores y disfruta de cada aprendizaje, de cada encuentro, de cada sorpresa… Y recuerda que tanto las experiencias agradables como las menos agradables no son para siempre… Sigue caminando y sigue aprendiendo con una mirada diferente, porque, al final todo es impermanente.
Y si a pesar de esto necesitas apoyo recuerda que estoy aquí para ayudarte a afilar el hacha y conseguir lo que deseas.
Del objetivo a la acción
Definir un objetivo es solo el primer paso. Para avanzar, necesitamos traducirlo en acciones concretas.
Puedes empezar por preguntarte:
- ¿Cuál es el siguiente paso que puedo dar?
- ¿Cuándo voy a hacerlo?
- ¿Qué necesito para ponerlo en marcha?
- ¿Cómo sabré que estoy avanzando?
Dividir un objetivo en pasos más pequeños puede hacerlo más manejable y facilitar que podamos revisar el progreso.
¿Qué hacer cuando un objetivo cambia?
No todos los objetivos tienen que mantenerse indefinidamente. A veces cambian nuestras circunstancias, nuestras prioridades o aquello que consideramos importante.
Revisar un objetivo no significa haber fracasado. Puede ser una oportunidad para comprobar si sigue teniendo sentido y, si es necesario, modificarlo o sustituirlo por otro.
La flexibilidad también forma parte del proceso de conseguir objetivos.
¿Necesitas ayuda para definir tus objetivos?
En ocasiones sabemos que queremos cambiar algo, pero nos cuesta concretar qué queremos conseguir, ordenar nuestras prioridades o decidir por dónde empezar.
Un proceso de Coaching Personal puede ofrecerte un espacio para clarificar objetivos, explorar alternativas y convertir aquello que quieres conseguir en pasos concretos.








Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!