¿Cómo tomar decisiones? Claves para decidir mejor

Tomamos decisiones constantemente: algunas son pequeñas y apenas requieren reflexión, mientras que otras pueden cambiar el rumbo de nuestra vida personal o profesional.
Cuando tenemos que elegir entre diferentes opciones, solemos pensar que basta con analizar racionalmente sus ventajas e inconvenientes. Sin embargo, nuestras emociones, nuestros miedos, nuestros deseos y nuestras experiencias también influyen en aquello que decidimos.
Comprender cómo funciona nuestro propio proceso de toma de decisiones puede ayudarnos a decidir de una manera más consciente.
¿Qué significa tomar una decisión?
Decidir implica elegir una opción entre varias posibilidades y renunciar, al menos por el momento, a las demás.
Por eso, decidir no siempre resulta sencillo. Cada elección supone dejar otras alternativas atrás y enfrentarnos a cierto grado de incertidumbre: no podemos saber con absoluta seguridad qué habría ocurrido si hubiéramos elegido otra opción.
Esta incertidumbre puede generar dudas, miedo o incluso bloquear nuestra capacidad para decidir.
Razón y emoción en la toma de decisiones
Cuando tomamos una decisión intervienen diferentes procesos. Podemos analizar las opciones de forma racional, valorar ventajas y desventajas y anticipar posibles consecuencias. Pero al mismo tiempo aparecen emociones, deseos, recuerdos y temores que también influyen en nuestra elección.
En ocasiones sabemos racionalmente qué opción parece más conveniente y, sin embargo, nos cuesta elegirla. En otras, una opción puede atraernos porque asociamos a ella una sensación de recompensa, seguridad o placer.
Tomar decisiones de forma consciente no significa eliminar las emociones, sino aprender a reconocer cómo están influyendo en aquello que estamos decidiendo.
Para tomar decisiones hay que tener en cuenta dos partes, que entran en lucha: la parte racional y la parte emocional.
La parte racional es que la que nos permite procesar las ventajas y desventajas de decir sí a una cosa frente al resto de opciones de una manera “objetiva”, y puede que con esa valoración puedas hacer que la balanza se decante por una opción claramente.
Sin embargo, la parte emocional es muchas veces la que mueve la balanza más allá de la parte racional. Es más, incluso aunque nuestra parte racional vea claramente que algo nos nos viene bien claramente, al final acabas cayendo en la trampa de siempre.
Te pondré un par de ejemplos:
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Imagina que tu color favorito es el rojo. Aunque ya tengas varias prendas de ese color, al entrar en una tienda encuentras un jersey rojo y otro verde. El verde te parece precioso, pero terminas comprando el rojo.
Después quizá encuentres razones para justificar la elección: es tu color favorito, te sienta bien, combina con muchas cosas…
En ocasiones nuestras decisiones funcionan así: primero sentimos una inclinación y después buscamos argumentos que la justifiquen.
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Algo parecido puede ocurrir con la comida. Puedes entrar en un supermercado con la intención de no comprar dulces y, sin embargo, encontrarte ante productos especialmente atractivos.
Aparecen pensamientos como “solo comeré un poco” o “puedo probarlo”. La decisión final puede alejarse de la intención inicial.
Observar este proceso nos permite empezar a comprender cómo interactúan nuestras intenciones, pensamientos, emociones y conductas.
¿Sabes cuál es el resultado final? El chocolate acaba en el carro de la compra a pesar de tus buenas intenciones.
El miedo y la incertidumbre al tomar decisiones
Las emociones nos arrastran muchas veces para tomar decisiones en un sentido u otro, y la mayor parte de las veces no somos conscientes de todo esto. Tomamos decisiones, grandes o pequeñas, en base a la parte emocional de nuestra mente. Esto es algo que las técnicas que se enseñan para tomar de decisiones no tienen en cuenta y es por eso que muchas veces no dan una repuesta acertada y ajustada a lo que nosotros realmente deseamos o no ayudan a gestionar aquello que nos da miedo, y la incertidumbre de si la decisión que he tomado es la mejor o no.
En este proceso hay dos emociones que gobiernan de manera significativa el barco: el miedo y el placer.
En los ejemplos anteriores estaba claro: conseguir un jersey de mi color favorito, y en el segundo esa recompensa del paladar, seguida del subidón de azúcar.
Nuestro instinto nos hace movernos para proporcionarnos placer o para alejarnos de una amenaza.
Y por otro lado, el miedo, esa emoción que nos va a proteger del posible daño que nos pueda causar decidirte por algo. Y a veces, cuando ese miedo es muy grande, lo que puede hacer es que no lleguemos nunca a tomar una decisión, y entremos en un bucle infinito de control y de inmovilidad (pero de eso hablamos otro día).
Una de las dificultades más habituales al tomar decisiones es aceptar que no podemos conocer con certeza el resultado de nuestra elección.
El miedo puede aparecer cuando pensamos en las posibles consecuencias de equivocarnos, perder una oportunidad o tomar un camino que después no resulte como esperábamos.
En algunas personas, este miedo puede llevar a posponer continuamente una decisión, buscar más información una y otra vez o intentar controlar todas las variables antes de elegir.
Sin embargo, llega un momento en el que seguir analizando no aporta más claridad. A veces necesitamos aceptar un cierto grado de incertidumbre y decidir con la información y los recursos disponibles.
Hace unos meses hablaba en esta otra entrada de cómo gestionar el miedo que sentimos. Pero antes de eso debemos ser conscientes de lo que estamos sintiendo realmente.
Mi pregunta ahora es: ¿en base a qué tomas tus decisiones: placer o miedo?
5 claves para tomar decisiones de forma más consciente
1. Define qué decisión tienes que tomar
Intenta expresar con claridad qué estás decidiendo y evita mezclar en una misma pregunta diferentes problemas.
2. Distingue hechos, interpretaciones y emociones
Pregúntate qué sabes realmente, qué estás suponiendo y qué estás sintiendo ante cada opción.
3. Identifica qué es importante para ti
Más allá de las ventajas e inconvenientes, pregúntate qué valores, necesidades o prioridades quieres tener en cuenta.
4. Observa tus miedos
Identifica qué temes que ocurra si eliges una opción y qué temes perder si no la eliges.
5. Acepta que toda decisión implica renunciar a algo
No siempre existe una alternativa perfecta. A veces decidir consiste en elegir la opción que consideramos más adecuada y asumir que nunca tendremos toda la información.
Mindfulness y toma de decisiones
La práctica de Mindfulness puede ayudarnos a observar pensamientos, emociones y reacciones con mayor atención, creando un espacio entre lo que experimentamos y la respuesta que damos.
Esta capacidad de observar puede resultar útil cuando nos encontramos ante una decisión, porque permite reconocer con mayor claridad qué estamos sintiendo, qué estamos pensando y qué necesidades están influyendo en nuestra elección.
No se trata de decidir sin emociones, sino de ser más conscientes de aquello que está influyendo en nuestras decisiones.
¿Qué está influyendo en la decisión que tienes delante?
Antes de decidir, quizá puedas preguntarte:
- ¿Qué quiero realmente?
- ¿Qué estoy intentando evitar?
- ¿Qué me da miedo perder?
- ¿Qué opción está más alineada con lo que considero importante?
Preguntas frecuentes
¿Por qué nos cuesta tanto tomar algunas decisiones?
Porque decidir implica renunciar a otras posibilidades y aceptar cierto grado de incertidumbre. Además, nuestras emociones, experiencias y miedos pueden influir en el proceso.
¿Es mejor tomar decisiones de forma racional o emocional?
Ambas dimensiones pueden influir. Tomar una decisión consciente no significa eliminar las emociones, sino reconocer su influencia y combinarla con la reflexión sobre las alternativas y sus consecuencias.
¿Cómo puedo superar el miedo a tomar decisiones?
Puede ser útil identificar qué temes que ocurra, distinguir los riesgos reales de las anticipaciones y aceptar que ninguna decisión ofrece certeza absoluta.
¿Puede ayudar el coaching a tomar decisiones?
Sí. Un proceso de Coaching Personal puede ofrecer un espacio para clarificar una situación, explorar alternativas, identificar obstáculos y definir los pasos que quieres dar.
¿Y cuando no sabemos qué decisión tomar?
Algunas decisiones son difíciles no porque nos falte información, sino porque estamos ante un cambio importante, tenemos diferentes necesidades en juego o sentimos miedo ante las posibles consecuencias.
Un proceso de Coaching Personal puede ofrecer un espacio para ordenar la situación, explorar diferentes perspectivas, clarificar qué quieres y convertir una decisión compleja en pasos concretos.









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