Chica pelirroja llorando. TristezaHace un año, más o menos, del confinamiento por la pandemia, y desde entonces el número de personas que hablan de sentir tristeza en su vida va en aumento. Parece que la tristeza gana terreno y en muchas ocasiones sin que exista una razón aparente, más allá de la pandemia, para sentirla.

Cuando hay un situación concreta en nuestra vida a la que podamos atribuir lo que estamos sintiendo es mucho más fácil manejar esto que nos ocurre. Sabemos de dónde ha surgido y que tiene una causa, y a pesar del malestar parece que lo tengamos “bajo control”. Pero actualmente hay mucha gente que no sabe qué es lo que le está pasando y que no puede identificar de dónde viene su tristeza, con lo cual su manejo se complica un poco.

¿Qué podemos hacer para gestionar esta emoción que poco a poco ha ido infiltrándose en nuestro día a día?

Vamos a ver si podemos poner un poco de luz a todo esto.

1. ¿Para qué nos sirve la tristeza? 

¿Recuerdas el día en el que un niño en el parque te quitó el balón con el que estabas jugando? ¿Recuerdas qué hiciste? Si eras muy pequeño seguramente te permitiste llorar y después saliste corriendo a donde estaban tus padres para que te ayudaran a recuperar ese balón y te consolaran. Ese día, sentiste tristeza.

La tristeza es la emoción que aparece cuando perdemos algo, bien sea algo material o algo intangible. Y lo que conseguimos cuando la expresamos (llorando o aislándonos) es atraer la atención de los demás para que nos acompañen y nos ayuden en esos momentos de pérdida.

2. ¿Qué nos está ocurriendo con la pandemia?

Mujer mirando por la ventana con tristezaYa he hablado en más de una ocasión sobre la utilidad de todas las emociones, más allá de que nos resulten agradables o no. Las emociones son, de alguna manera, el termómetro de cómo nos estamos relacionando con la vida y de cómo nos relacionamos con nosotros mismos. Así que sentir la tristeza y expresarla nos ayuda a gestionarla, ya que nuestro entorno nos puede apoyar para procesar esa pérdida.

Sin embargo lo que nos está ocurriendo con la pandemia es que hemos perdido muchos espacios y tiempos de encuentros con familia y amigos. No hay un hecho concreto, más allá de las personas que han perdido un familiar o un trabajo y que realmente sí pueden dirigir lo que sienten hacia esa pérdida.

Lo que le está pasando a mucha gente es que han dejado de hacer actividades que les daban energía y poco a poco se están desactivando. Y no se están compensando esas perdidas con otras que nos aporten placer y bienestar emocional. Sin darse cuenta, se está bajando la energía y se está cayendo en estados depresivos y de mayor ansiedad.

3. Recursos para afrontar la tristeza

1. Pon nombre a lo que sientes

Como ya comentaba en su día cuando hablaba del método RAIN para la gestión de las emociones, le primer paso es reconocer que me pasa algo y ponerle un nombre: “Me siento triste.”, “Siento melancolía.”, “Me siento con el ánimo bajo.”, “Siento morriña.” (como dicen los gallegos). “Siento que echo de menos algo/alguien”.

Cuando reconocemos y expresamos lo que nos está pasando, le estamos dando espacio, es el principio de un proceso de aceptación que abre la puerta a poder hacer algo para no quedarse en esa emoción.

2. Comparte momentos (de otra forma) 

Como decía antes una de las cosas que hemos perdido con al pandemia son el contacto y las relaciones con los amigos. Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, y necesitamos estar con otras personas. Además, nuestra cultura latina, el sol hacen que seamos más dados a salir y relacionarnos a diferente de la gente de los países nórdicos, por ejemplo. Y estas restricciones las estamos notando mucho más por esto.

Pero si no se puede, tendremos que buscar la forma de suplirlo (aunque no sea lo ideal) a través de medios digitales o haciendo actividades en el exterior. Manteniendo siempre las medidas sanitarias.

3. Hacer deporte

El deporte aporta muchos beneficios a nuestra salud física y también emocional. Entre los muchos beneficios es que eleva los niveles de serotonina y oxitocina, que son las hormonas que suben el ánimo y están relacionadas con sentirnos bien. Y si además lo haces al aire libre y te de el sol, ayudará a que sintetices vitamina D, que también ayuda a la síntesis de la serotonina. Así que ya no tienes excusa para hacer deporte y cuidarte.

4. Meditar

La meditación en general y la meditación Mindfulness en particular está demostrado que ayudan a la regulación emocional y elevan los niveles de serotonina. Son muchas las personas que durante el confinamiento se unieron a las prácticas que ofrecimos un grupo de profesores de Mindfulness y que pasado el confinamiento nos han hablado de lo mucho que les ayudo.

5. Comer de manera saludable

La alimentación tiene también una gran influencia en nuestro estado de ánimo. ¿Te has parado a pensar qué tipo de comida te apetece comer cuando tienes un día “malo”? Estoy casi segura que alguna cosa de lo que se llama “comida basura”, algo que te gusta aunque sabes que no es saludable. Esto lo hacemos porque nos ofrece una recompensa rápida. El problema es que después de ese momento de placer, aparece otra vez el malestar y a veces con mayor intensidad.

Mantener una dieta equilibrada, y casi todos sabemos lo que es comer sano: comer fruta y verdura, no hacer abuso de las grasas, evitar las bebidas azucaradas… hace que nuestro cuerpo funcione mejor y esto repercute también en nuestras emociones. 

6. Realizar actividades que nos aporten placerNiña oriental expresando alegría y agradecimiento

Cuando nuestra energía está baja una forma de subirla es ponerse a hacer cosas que nos gusten de manera consciente, y no tiene que ser cosas grandes. Si te gusta cocinar, leer, escuchar música y bailar… no lo pospongas esperando a tener ánimo, haz un pequeño esfuerzo y comienza ya. Muchas veces lo que ocurre es que nos cuesta empezar, pero una vez que hemos empezado la recompensa que se obtiene merece la pena.

7. Agradece

Estoy segura que a pesar de todo hay muchas cosas en tu vida que están funcionando. Simplemente el hecho de estar vivos ya es de agradecer, porque nos abre la posibilidad de que las cosas vayan a mejor. Y más allá de esto, hay seguro que muchas cosas pequeñas que las damos por sentadas y que podemos poner en valor. Así que te animo a fijarte en todas esas cosas pequeñas.

Aquello en lo que pones atención, aquello que crece. Pon tu mirada en lo que sí que funciona, y agradece.

Espero que estos consejos te hayan resultados útiles. Si los pones en marcha y quieres comparte tu experiencia en los comentarios.

1 comentario
  1. Antonio
    Antonio Dice:

    Gracias por este post; creo que nos puede ayudar muchísimo, ya que vemos siempre la tristeza como algo negativo, que tenemos que ocultar y que no sabemos gestionar.

    Responder

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