Altas expectativas: cómo influyen en la frustración
¿A qué llamamos altas expectativas? ¿No te ha pasado alguna vez que te han hablado muy bien de un lugar y cuando llegas allí piensas “pues no es para tanto”? Y cuando digo de un lugar, digo de una comida, de una persona, de una formación… Cuantos chascos nos llevamos por nuestras expectativas.
Las expectativas forman parte de nuestra manera de anticipar el futuro. Nos ayudan a planificar, prepararnos y orientar nuestras decisiones, pero también pueden influir en cómo vivimos aquello que finalmente sucede.
Cuando la realidad se aleja mucho de aquello que esperábamos, podemos experimentar frustración, decepción o malestar. Comprender cómo se construyen nuestras expectativas puede ayudarnos a relacionarnos con ellas de una manera diferente.
Las expectativas y nuestra mente
Nuestra mente tiene la capacidad de recordar experiencias pasadas y de anticipar posibles situaciones futuras. Ambas capacidades son fundamentales para aprender, planificar y tomar decisiones.
El problema no está en tener expectativas. El reto aparece cuando confundimos aquello que imaginamos que sucederá con aquello que realmente está ocurriendo.
Ante un acontecimiento futuro, nuestra mente construye diferentes escenarios. Podemos imaginar que todo saldrá muy bien, anticipar que ocurrirá algo negativo o crear una imagen idealizada de aquello que todavía no conocemos.
Estas representaciones son útiles para prepararnos, pero también pueden generar malestar cuando nos aferramos a ellas y después la realidad no coincide con lo que habíamos imaginado.
Expectativas y frustración
La frustración puede aparecer cuando existe una distancia importante entre lo que esperamos que ocurra y aquello que finalmente sucede.
Cuanto más rígida o idealizada sea nuestra expectativa, mayor puede ser la sensación de decepción cuando la realidad no coincide con ella.
Esto puede ocurrir con lugares, experiencias, proyectos, relaciones o incluso con nosotros mismos.
La diferencia que existe entre las expectativas que tenemos de las cosas, personas o situaciones, se llama frustración.
Cuanto más altas son nuestras expectativas, más probabilidad existe de que no coincidan con la realidad.
Imagina que acabas de conocer a alguien. Tu mente comienza rápidamente a construir una imagen de cómo es, qué puedes esperar de esa persona o cómo podría ser vuestra relación.
Cuanto más alimentamos esa imagen, mayor puede ser la distancia entre la persona real y la persona que hemos imaginado.
Una alternativa es sustituir parte de esas expectativas por curiosidad: observar quién es realmente esa persona en lugar de compararla continuamente con la imagen que habíamos construido.
Expectativas y práctica de Mindfulness
Cuando comienzo un curso de Mindfulness suelo preguntar a los participantes qué esperan encontrar en él.
Tener expectativas puede ser un buen motivo para comenzar un curso, pero después resulta interesante observarlas y permitirnos experimentar lo que realmente ocurre, en lugar de comparar continuamente la experiencia con aquello que habíamos imaginado.
La práctica de Mindfulness nos invita precisamente a observar la experiencia presente con mayor atención, incluyendo nuestros pensamientos, juicios y expectativas, sin tener que identificarnos completamente con ellos.
¿Cómo podemos gestionar nuestras expectativas?
No se trata de eliminar las expectativas. Anticipar y planificar forma parte de nuestra manera de relacionarnos con el futuro.
Podemos, sin embargo, aprender a reconocer cuándo una expectativa se ha convertido en una imagen rígida de cómo deberían ser las cosas.
Algunas preguntas pueden ayudarnos:
- ¿Qué estoy esperando que ocurra?
- ¿Qué parte de esa expectativa depende realmente de mí?
- ¿Estoy observando la situación actual o comparándola con una imagen que había creado?
- ¿Puedo dejar espacio para que la realidad sea diferente de lo que había imaginado?
- ¿Qué puedo descubrir si me acerco a esta situación con curiosidad?
La práctica de Mindfulness nos invita a observar la experiencia presente sin intentar que sea diferente de lo que es, dejando espacio para nuestros pensamientos, emociones y expectativas.
Las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos
Las expectativas no solo las proyectamos sobre otras personas o situaciones. También podemos construir imágenes muy exigentes sobre cómo deberíamos ser, qué deberíamos conseguir o cómo deberíamos comportarnos.
Cuando nuestra realidad no coincide con ese ideal, podemos experimentar decepción, autocrítica o sensación de fracaso.
Observar estas expectativas puede ayudarnos a distinguir entre un objetivo que queremos alcanzar y una exigencia rígida sobre cómo deberíamos ser.
¿Y qué pasa con las relaciones de pareja o con las amistades?
Algo parecido puede ocurrir en las relaciones de pareja. En ocasiones no nos relacionamos únicamente con la persona que tenemos delante, sino también con la imagen que hemos construido sobre cómo debería ser.
Cuando esa imagen entra en conflicto con la realidad, podemos sentir decepción o frustración.
Sustituir parte de la expectativa por curiosidad genuina nos permite acercarnos a la otra persona y descubrir quién es realmente, sin exigirle que encaje permanentemente en nuestro ideal.
Preguntas frecuentes sobre altas expectativas
¿Qué son las expectativas?
Son anticipaciones o ideas que construimos sobre cómo esperamos que sea una situación, una persona o un acontecimiento futuro.
¿Qué relación existe entre expectativas y frustración?
Cuando lo que sucede se aleja de aquello que esperábamos, podemos experimentar decepción o frustración. La intensidad de esta experiencia puede depender, entre otros factores, de lo rígidas o idealizadas que fueran nuestras expectativas.
¿Es malo tener expectativas?
No necesariamente. Las expectativas pueden ayudarnos a planificar y orientarnos hacia el futuro. El problema puede aparecer cuando nos aferramos a ellas y nos cuesta aceptar que la realidad sea diferente.
¿Puede ayudar Mindfulness con las expectativas?
La práctica de Mindfulness puede ayudarnos a observar pensamientos, juicios y expectativas con mayor conciencia, en lugar de reaccionar automáticamente ante ellos.
¿Quieres revisar tus expectativas y avanzar hacia tus objetivos?
Cuando nuestras expectativas, dudas o exigencias dificultan avanzar, disponer de un espacio para observar la situación desde diferentes perspectivas puede ayudarnos a clarificar qué queremos y qué pasos queremos dar.
En un proceso de Coaching Personal podemos trabajar sobre objetivos, decisiones, cambios y situaciones que quieras abordar desde una perspectiva práctica y personalizada.








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